Un diagnóstico común sobre un tobillo que no lo es
La fascitis plantar es uno de los motivos de consulta más frecuentes en una unidad de pie y tobillo. Lo que hace distinto este caso no es el diagnóstico, sino el tobillo sobre el que aparece: un tobillo que ha pasado por una prótesis, una complicación, una infección y, finalmente, una fusión.
Lo contamos porque explica bien algo que repetimos mucho en consulta: el mismo diagnóstico no significa el mismo tratamiento. Lo que cambia aquí no es la fascia, es todo lo que tiene encima.
La historia previa, resumida
La paciente llevaba una prótesis total de tobillo. Con el tiempo apareció una complicación conocida de este implante: un pinzamiento, es decir, que las estructuras alrededor de la prótesis chocaban entre sí y limitaban el movimiento de forma dolorosa.
Se planteó una cirugía para resolver ese pinzamiento y esa intervención se infectó. Y ahí el planteamiento cambia por completo: un implante infectado no se resuelve solo con antibiótico. Hubo que retirar la prótesis.
Sin posibilidad de reconstruir la articulación como reemplazo, la salida fue convertirla en una artrodesis: fusionar el tobillo. La fusión está conseguida y consolidada, que después de esa cadena de acontecimientos es un buen resultado y no un premio de consolación.
Por qué el dolor plantar importa especialmente aquí
Un tobillo fusionado deja de absorber y de adaptarse. El recorrido que antes aportaba esa articulación tienen que compensarlo las articulaciones vecinas y el propio pie, y la fascia plantar acaba recibiendo una carga que antes no recibía.
Por eso el dolor en la planta de un pie con el tobillo artrodesado no es sin más una fascitis plantar como cualquier otra. El contexto mecánico es distinto y el plan también: hay que contar con que la fascia está trabajando en condiciones más exigentes de lo habitual y que no va a poder descargarse moviendo el tobillo, porque el tobillo ya no se mueve.
Qué se valora en la consulta
Se localiza el punto doloroso en la planta del talón y se valora el estado de la fascia. Se revisa el apoyo, el calzado y cómo se ha redistribuido la carga tras la fusión. Y se descartan otras causas de dolor de talón, que en un pie con este historial hay que tener especialmente presentes.
La ecografía confirma el estado de la fascia y, sobre todo, permite ver la zona concreta que está alterada. Eso importa para lo que viene después.
El tratamiento: primero lo de siempre
El abordaje empieza donde empieza siempre, también aquí: carga progresiva de la fascia, trabajo de la flexibilidad posterior, ajuste del calzado y control de la actividad. Es el tratamiento con mejor respaldo en la fascitis plantar y no se salta por tener un caso complejo delante.
Lo que cambia es que en este pie hay menos margen para compensar, y por eso se acompaña de un procedimiento que en la consulta empleamos de forma habitual: la infiltración de plasma rico en plaquetas guiada por ecografía.
Qué es el PRP y cómo se hace
El plasma rico en plaquetas se obtiene de la sangre del propio paciente. Se extrae una muestra, se centrifuga para separar la fracción con mayor concentración de plaquetas y esa fracción es la que se infiltra en la zona afectada.
La parte que marca la diferencia es la segunda: la infiltración se hace bajo control ecográfico. La aguja se ve en la pantalla en todo momento y se dirige exactamente al punto de la fascia que la ecografía ha identificado como alterado. No se pincha a ciegas ni «por la zona».
El procedimiento se hace en consulta, con antisepsia de la zona, y no requiere ingreso. Después se coloca un vendaje y se pauta cómo debe comportarse la carga los días siguientes.
Qué dice la evidencia sobre el PRP en la fascia plantar
Aquí conviene ser honesto, porque es una técnica que se publicita con más rotundidad de la que la literatura sostiene. Las revisiones disponibles dan resultados mixtos:
- Algunas encuentran mejores resultados con corticoide a corto plazo y mejores con PRP a medio y largo plazo
- Otras concluyen que, en los ensayos bien diseñados y con doble ciego, no hay diferencia clara entre ambos
- La calidad metodológica de buena parte de los estudios es limitada y los protocolos de preparación del plasma varían entre centros, lo que reduce cuánto se pueden generalizar los hallazgos
Con ese panorama, se ofrece por lo que es: una opción con fundamento razonable en casos que no han respondido a un tratamiento conservador bien hecho, siempre acompañando al trabajo de carga y nunca en su lugar. Si alguien la presenta como una solución garantizada, está prometiendo más de lo que se puede prometer.
El mismo diagnóstico no implica el mismo tratamiento. Lo que cambia en este caso no es la fascia: es todo lo que tiene encima.
Cómo va y cómo se mide
El tratamiento está en curso. La evolución se sigue por el dolor durante la actividad, por la tolerancia a caminar y por cómo responde la fascia en las semanas siguientes, con un momento concreto de reevaluación en lugar de una serie indefinida de sesiones.
Es también la razón por la que este caso merece contarse: no por lo espectacular del historial previo, sino porque obliga a hacer bien lo básico. Un pie que ha perdido el movimiento del tobillo no perdona los atajos.
Si te reconoces en algo de esto
Si tienes dolor en la planta del talón que no termina de irse, o si has pasado por una cirugía de tobillo y notas que el pie ha empezado a doler en sitios donde antes no dolía, merece la pena valorarlo. En un pie con historia quirúrgica previa, el diagnóstico rara vez es el evidente y conviene mirarlo entero.



















